
Nose como comenzar a describir todo lo que me ha pasado en estos años, tampoco soy escritora por lo que te pido disculpas si no escribo como una…… quiero contarte mi testimonio, por varias razones… una porque decidí dejar un registro de lo sucedido, así cuándo necesite respuestas, voy a volver a releer mis apuntes, y seguire abriendome el camino y aprendiendo de mis errores …. También quise escribir esto por si alguna vez tengo una hija, o hijo en una situación así, para poder darle las herramientas necesarias para afrontarlo, y con esto hacerle saber que no está solo o sola en la vida, que se puede salir adelante y que lo importante es no dejar de luchar jamás.
Bueno y la tercera razón es para ayudar a quien lo necesite, sin embargo entrego esa ayuda solo si alguien me la pide, porque cada proceso es personal y requiere diferentes cosas para sanar, este es el mio y no necesariamente será el mismo modo que tenga otra persona. Lo que si se, es que te sentirás en muchas ocasiones identificada y entenderás que no estas sola o solo, que hay muchas personas pasando por esto, así como muchas que han podido mejorar.
Para sanarme de esta enfermedad he tenido que escribir mucho, incluso no es la primera vez que intento hacer un blog o libro con esto. Siento que al escribir dejo plasmado el dolor y puedo darle otro punto de vista a las cosas más detenidamente y con la cabeza fría.
Partimos…..
¿Como empezó todo?
Todo empezó a partir de los 14 años, a esa edad mi personalidad comenzó a cambiar poco a poco. De pronto estaba incorporando pensamientos muy superficiales que creo se debían a la adolescencia que como todos sabemos es una etapa complicada.
En esta etapa me preocupaba demasiado por mi apariencia, por lo que fuesen a pensar las personas de mi, creía que el mundo era eso, que había que encajar a toda costa, que había que conquistar, y agradar con la mera y simple imagen, pero no estaba teniendo en cuenta todo lo demás. No estaba viendo los límites que hay que tener para mantener una buena imagen, no estaba viendo tampoco que no puedes dañarte el cuerpo para conseguir el aspecto que deseas. La presión que sentía por agradar a todos era lo que dominaba mi vida, era muy timida, muy educada, muy humana, pero pensaba que como ya tenia todos esos valores, ahora tenía que ser estupenda y así podría tener a más gente a mi lado.
Sinceramente para ser una adolescente, lo encuentro normal, y lo es, ya que en esta etapa intentas crear tu identidad, encajar y ser querido por grupos. Esto lo seguimos haciendo en la adultez, pero la diferencia es que ya conocemos nuestros limites. El problema encambio en la adolescencia es que no los tienes, además eres vulnerable y no ves los peligros.
La información que consumía en ese entonces, influenciaba mi comportamiento negativamente, idolatraba los estereotipos impuestos por los medios.
Recuerdo que mi panorama favorito era ver America’s Next Top Model mientras soñaba con ser modelo y que me llevaran a diferentes países a sacarme fotos. Me encantaba ver esos cuerpos perfectos de modelos super delgadas, elegantes y exitosas que competian por ser las mejores, las más bonitas, las que hacían las fotos más fabulosas, etc.
No hay nada de malo en admirar cuerpos o desear tener uno así, pero yo criticaba demasiado el mio, me comparaba con las modelos del programa e imitaba lo que ellas hacían para mantenerse en forma.
Cuando llegó mi primer ciclo menstrual sufrí cambios físicos y hormonales, que descontrolaban mi sensiblidad, todo me afectaba para mal encima. Me sucedio lo más normal, lo que les ocurre a todas las niñas, las caderas se me anancharon, me aparecieron senos, mi cara se llenó de granos etc. Sin embargo para fue lo peor que podría haberme pasado, por lo que se me desató una ansiedad horrible que me hacía comer y comer emocionalmente y sin hambre.
Si bien a esta edad no comencé a ser bulímica, creo que mi forma de pensar comenzó a cambiar desde ese momento ya que me aburrí de sentirme de esa forma, y empece dietas desde los 14 y 15 años, sin estar «gorda» como yo me veia. Estaba muy alejada de la realidad ya que era una chica hermosa pero lamentablemente no podía verlo. Comenzaba a mirarme en el espejo y veia siempre errores en mi cuerpo, quería corregir esos errores que muchas veces no eran reales, pero imaginense que ya a esa edad veia una imagen distorsionada de mi misma. Me miraba muy seguido, me media el abdomen, me pesaba, antes y después de comer. Intentaba restringirme de comer muchos alimentos, aguantaba el hambre, lo cuál me hacía llegar a un punto de desesperación incontrolable, estaba haciendo mal las cosas, saltandome las comidas, ya que eso solo produce que al final del día comas el doble.
Estaba sensible por todo lo que estaba pasando, no veia más que calorias, huinchas, pesas, espejos, etc. Ese era el mundo, que comenzaba a crear y ante cualquier comentario relacionado a mi peso la voz de mi interior me decía… «debes esforzarte más»….. No estás haciendo lo suficiente….restringe más, controla más.
Cada día que pasaba tenía más y más deseos de comer, sentía Hambre todo el tiempo, a lo que le llamaba «Hambre Voraz» me sentía como un mounstro que necesitaba comer mucho para sentirse saciado, pero me avergonzaba de serlo por lo que trataba de que nadie me viese comer. No me gustaba que me vieran devorar mi comida con tantas ganas, sintiendo tanto placer, creía que estaba mal sentir eso, que era anormal, sentía que estaba haciendo algo malo, y que no podía parar.
Me quedaba en casa viendo la televisión, comiendo y disfrutando mientras lo hacía, pero luego pensando que dieta aplicaría para continuar después. Pensaba en ese cuerpo que había creado en mi mente, y lo idolatraba.
En cuanto a mi personalidad que en este entonces se estaba forjando, mantenía un perfil bajo, porque tenía muchas inseguridades, pero intentaba no demostrarlas, siempre disimulaba mis problemas para no preocupar a nadie, incluso estoy segura que nadie se daba cuenta de todo lo que pasaba por mi cabeza.
Mis fines eran normales para una chica de mi edad pero yo misma pensaba que eran demasiado tontos y superficiales. Quería ser guapa y creía que con eso se solucionaría todo, entonces como eran tan absurdos estos objetivos los ocultaba.
Admiraba a las mujeres seguras de sí mismas, que podían expresarse sin miedos, me sentía segura cuando me arreglaba, estando flaca, o cuando me esforzaba por lograr un cuerpo bonito, pero a la vez era floja para hacer ejercicio, o tenía poca fuerza de voluntad para controlarme de comer muchas cantidades, sobre todo al estar sentada en la mesa en frente de alimentos ricos.
Cuando estaba en el colegio, en octavo básico aproximadamente, veía a mis compañeras y deseaba ser como algunas de ellas porque les iba bien en todo, eran graciosas, risueñas, tenían compañeros que gustaban de ellas, para mi eran exitosas, según mi punto de vista en ese momento claro. Considerando que por mi timidez no tenía pololo, solo amigos, era inalcanzable para mí. Siempre me enamoraba perdidamente de algún compañero y él no estaba interesado en mí.
Esas cosas me hacían sentir mal, que no le gustara a nadie, pensaba que debía ser porque no era lo suficientemente flaca o bonita, mi autoestima no era buena. Siempre me hacía amigas muy rápido y eso me mantenía distraída del tema pero estaba en el fondo de mis pensamientos.
Cuando estaba en el liceo nunca fui destacada por mi belleza, era destacada más bien, por ser buena amiga y otras aptitudes positivas. El ser buena amiga me hacía conocer varias personas, y me divertía mucho en los grupos. Con el tiempo deje de pensar en si tenía pololo o no, y me comencé a divertir sin que me dominara el lado amoroso. Mis amigos me sacaban de este estado la verdad, además en el liceo estaba un poco más grande. Mi personalidad comenzó a mejorar, hablaba con todos, hacía grupos fácilmente, interactuaba con las personas. Sin embargo habían situaciones que me hacían sentir incómoda. Por ejemplo cuándo estaba en clase y comenzaban a hablar de temas sexuales, de las cosas que habían hecho con sus parejas y yo no había ni siquiera dado un beso, era raro porque no conocía ese mundo como para opinar, mis compañeros se lo pasaban hablando estos temas, o diciendo bromas referidas al sexo, yo no tenía idea de nada, además que me sentía insegura de mi cuerpo, así es que me quedaba callada.
También hablaban de que les gustaba tal chica, que era linda, decían comentarios tales como que estaba rica, y cosas así…. por todo esto yo quería gustarles a las personas, para que alguien me mirara, dijera que soy linda, o que le gusto. Sentía que para eso debía cambiar algunas cosas físicas, cómo adelgazar y ponerme bonita.
Por eso es que desde muy joven, ya estaba preocupándome por mi peso, de las cantidades que estaba consumiendo, de las dietas que iba a implementar para bajar unos kilos, etc. Hacía la dieta de la luna, la del arroz, la de cualquier tontera que leía en Internet o en la televisión.
Me encantaba encontrar dietas nuevas y extremas que me hacían restringirme al máximo de comer para bajar 2 o 3 kilos, pero estas me hacían generar una ansiedad terrible después, tanto que me quería comer el doble de lo que comía antes para compensar.
En mi casa siempre había mucho que comer, y se me hacía súper difícil seguir cualquier plan de dieta. Al haber tanto, todos comíamos hasta que no podíamos más. Mi madre me ayudaba cuando veía que me estaba excediendo con algo, pero sus advertencias no me detenían, incluso me enojaba porque me lo señalaba.
Tenía un gusto muy marcado hacia los alimentos dulces, como tortas pasteles, chocolates, manjar, etc. Habiendo algo así en la mesa no me podía resistir.
Pensaba en mi cuerpo y en cómo hacer que se viera lindo, me costaba seguir las reglas, me costaba hacer ejercicio, «no puedes seguir siendo tan débil» me decía la vocesita de mi interior, necesitaba un esfuerzo mayor si realmente quería conseguir mis objetivos.
Me di cuenta de que si seguía por este camino, terminaría subiendo mucho de peso, debía cuidarme, dejando de comer en exceso, a veces se me ocurría dejar el pan, otras veces las carnes, otras veces comía solo lechugas, otras me hacía sopas de cebolla y verduras, leía cosas en Internet que me ayudaban a cumplir estas metas.
De todas formas cuando tenía muchas ganas, comía algo dulce para quitar mi ansiedad. Así continúo mi vida por años. Algunas veces me podía controlar más que otras, pasaba por momentos, nada era lineal ni lo es hasta el día de hoy.
En los mejores momentos si me salia de la dieta, luego continuaba, y no me estesaba, solo si no era algo habitual… y en los peores momentos me desesperaba, y llegaba al punto de desear tanto ver en el espejo algo que me gustara, que era lo único que me importaba. Cuando estaba así de mal, no veía mis cualidades como persona, mi empatía, mi capacidad de escuchar a los demás, de apoyar a una amiga o amigo, mi perseverancia, nada de eso era importante para mi en ese estado … No es que me convirtiera en una mala persona ni mucho menos, solo. relacionaba cosas que colgaban de la imagen física ideal, que eran absolutamente falsas, auto-engañandome.
Me mantuve refugiada en esta imagen física ideal bastante tiempo, me sentí feliz cuándo podía verme flaca en el espejo, podía estar contenta y alegre mientras sintiera aprobación de mi parte y de los demás. Pero siempre yo era la más crítica.
Pasó el tiempo y mi pensamiento se mantuvo así haciendo las mil y una dietas que encontraba. Sin embargo me di un descanso mental cuándo fui a visitar a mi hermano a España.
Mi hermano Claudio se había ido a España a hacer su doctorado hace unos años atrás, en la familia todos estábamos muy contentos por la noticia pero a la vez lo extrañábamos, hacía años que no lo veíamos. Yo por ser la hermana menor era extremadamente apegada a mis dos hermanos y consentida por ellos, a pesar de que no se criaron junto conmigo por la diferencia de edades que tenemos.
Un día llegando del liceo mis papas me dieron la noticia de que me habían comprado un pasaje de avión entre Mi Papa y mi hermano Cristian para ir a visitar a Claudio a España. Eso me puso tan feliz que no daba más de alegría, iba a ver a mi hermano después de años, lo extrañaba muchísimo, y además conocería otro país. Mi emoción fue enorme, me puse muy contenta y nerviosa a la vez, ya que eran muchas cosas nuevas a las que me enfrentaría, como por ejemplo viajar por primera vez en avión a otro país, sola, sin mis papás, sin duda sería una experiencia única.
De los viajes se aprende mucho y eso me ayudo a ver la vida con otra perspectiva que nunca antes habría notado.
Mi viaje comenzó y nos dirigimos a Santiago, junto a mi madre que me fue a dejar al Aeropuerto, para llegar ahí recorrimos varios kilómetros, pero fue un viaje entretenido, porque íbamos conversando y mirando los paisajes desde el bus, además llevamos galletas caseras hechas por mi madre que nos acompañaron durante todo el camino. Una vez en el Aeropuerto fuimos hasta el sector donde están los controles en el Aeropuerto, desde ahí nos tocó separarnos, por primera vez, nunca había salido de casa por tanto tiempo… Nos dimos un fuerte abrazo y nos despedimos mi madre me dijo “Que Diosito te cuide hija, dale muchos saludos a tu hermano”.
Estaba completamente sola empezando a vivir la aventura de viajar en avión a un país hermoso con 17 años, estaba demasiado feliz, contenta, nerviosa…. Sentía muchas emociones dentro de mí. Me puse la mochila en la espalda, agarre fuerte mi maleta y seguí las indicaciones del aeropuerto, eran un poco complicadas, pero había que seguir a la gente, todos iban al mismo lugar. Una vez que logre subirme al avión tuve que estar en el 14 horas, miraba por la ventana cuándo estábamos arriba del mar, me daban nervios de tan solo pensar en eso, me toco viajar con una señora muy simpática que no me molestó en todo el camino, se tomó su copa de vino y durmió por varias horas, me gustaba cómo hablaba la gente con su acento español, estaba ansiosa de llegar. Con tantas emociones sentí que el tiempo paso volando, hasta que al fin llegue al aeropuerto, tuvimos que tomar un bus interno que nos llevó a otro lugar, donde estaban las maletas, la mía se demoró un montón recuerdo, pero llegó. Cuándo pude salir de allí al fin pude ver a mi “Volato” como cariñosamente nos decíamos. Ahí estaba mi hermanito, igual de delgado, con su mirada cálida, simpático, risueño y un poco más barbón, hablaba como un español, tenía ya marcado el acento jejejeje. Nos dimos un abrazo bien apretado, nos miramos y reímos. Los dos estábamos felices de vernos, fue un momento lindo. Mi hermano vino a buscarme en tren y me dijo que teníamos que tomar ese tren de vuelta para ir a su departamento, el tren era de color rojo recuerdo y muy moderno, se parecía al metro de Santiago.
Mientras comenzamos el viaje pude ver por la ventana la ciudad, me encantaron, las calles, la diversidad de gente, los edificios, todo. En España es hermoso ver como siempre restauran construcciones antiguas y tratan de mantener la esencia de su cultura en la arquitectura del país.
Luego de algunas horas de viaje aproximadamente llegamos, allí estaba Marcela, la novia que mi hermano tenía en Chile y la cuál se convirtió actualmente en su esposa. Tanto mi hermano como Marcela trabajaban dentro de la semana, por lo cual yo me quedaba sola dentro de su horario de trabajo y aprovechaba de caminar por la ciudad, recorrer observar la gente, los lugares, las costumbres, etc.
Llevaba algo de dinero para comprar cosas a mis familiares y amigos, paseaba por tiendas de souvenires que se llamaban, en donde habían muchas chicherías para regalar.
También miraba ropa en las tiendas como Zara y HyM que eran muy conocidas en ese tiempo y la ropa me encantaba era elegante y juvenil a la vez.
La visita duraría 3 meses, así es que pude ver mucho más, me gustaba ir a la plaza mayor a escuchar cómo hablaban las personas, eso me deslumbraba y podía quedarme escuchándolos por bastante tiempo. Algunos se tiraban a dormir en las bancas con un libro en la mano, eran muy cultos y se desenvolvían bien ante las demás personas.
Se preguntarán porque les cuento esto, y el motivo es porque este viaje significo si bien mucho en mi vida, también marco momentos importantes referidos a mi enfermedad.
En España habían muchos alimentos que yo no conocía y como era una gran novedad para mí, solo me dedique a probar y degustar cada cosa que me ofrecían, sin darme cuenta que me estaba descontrolando. Sinceramente pase los dos primeros meses comiendo de forma ilimitada probando salamines, prietas, jamón serrano, dulces, chocolates galletas e infinidad de productos muy ricos pero engañadores por su alto contenido calórico. El tema es que este comer compulsivo me llevó, a entristecerme al ver mi imagen en el espejo, y no quería salir a compartir con personas por sentirme gorda lo cual me superaba emocionalmente.
Un día recuerdo me sentía tan triste y mi hermano con Marcela tenían una reunión con amistades que frecuentaban, me invitaban siempre pero ese día yo no quise ir con ellos, porque no sabía que ponerme, me ponía ropa cada vez más ancha, y aun así veía un cuerpo enorme en esa ropa, cuando me miraba al espejo. Lloré en muchas oportunidades sola en el departamento, no quería que nadie me viera así. No quería sacarme fotos, siendo momentos tan únicos los que estaban viviendo.
Mi hermano y Marcela se dieron cuenta que estaba mal por este tema y me ayudaron poniéndome en un gimnasio, nunca había ido a uno, menos en España, fue divertido tener otra actividad que me levantara el ánimo. Me hacía bien para mi lado emocional, pero para bajar de peso no me estaba ayudando mucho, yo creo que no aproveche al máximo la oportunidad. En ese entonces no tenía el hábito marcado de ejercitarme, pese a que mi papá trato de inculcarme el trote cuando vivíamos en Temuco, yo no lo tome nunca en serio el deporte, no confiaba en sus ventajas, no hice un esfuerzo grande que me permitiera bajar de peso, tampoco estuve por mucho tiempo en el gimnasio.
Hacía bicicleta y elíptica pero por alguna razón probablemente las que mencioné no me hacía efecto, sabía que tenía que complementar la dieta con ejercicio pero al parecer el ejercicio hacía que me diese más hambre. Salía del gimnasio y me compraba alguna cosa dulce para quitar mi ansiedad, o me iba al súper a buscar provisiones para pasar la noche. Veía películas hasta tarde frente al sillón y ahí comía mis cosas que compraba.
Era placentero comer de todo, pero a la vez no sabía qué hacer, mi fuerza de voluntad estaba anulada completamente y por más que intentaba cuidarme terminaba comiendo más todavía.
Cuando faltaba poco tiempo para volver a Chile comencé a sentir una pequeña presión en el pecho, imaginando que podrían decir las personas que conozco en mi país cuando me viesen así, tan gordita, había subido más de 10 kilos, y mis conocidos nunca me habían visto así, sabían que yo pretendía mantener una figura delgada, o al menos lo intentaba. Me carcomía la mente ese pensamiento, no estaba contenta con mi aspecto, mi cabeza se llenaba de ideas negativas, no entendía cómo en 3 meses había engordado tanto y me recriminaba por eso, pero sabía que ya era demasiado tarde para arrepentimientos, ya estaban así las cosas, me resignaba en momentos, haciéndome creer que no me estaba enfocando en las cosas realmente importantes, que importa más el poder ver a mis padres, ellos estarían contentos igual. Así luchaba conmigo misma todo el tiempo, trataba de levantarme el ánimo, pero no podía hacerlo, algo me tenía pegada al piso.
En todo ese torbellino de palabras, situaciones, sentimientos, y emociones recordé un mal consejo. Este era que tiempo atrás, una amiga mía me confeso que había vomitado una vez para quitar los alimentos que había comido por error, pero que no lo volvió a hacer nunca más, porque se sintió pésimo y no pudo con la culpa que le generó el acto. Ella también sintió miedo porque conocía personas que habían cometido ese error alguna vez y nunca habían podido salir fácilmente de ello. Me advirtió que no lo hiciera, ella lo había tomado como una experiencia más de su vida, fue para ella como probar una droga y no tocarla nunca más, es más estoy segura que ni se debe acordar que me dijo eso. Para mí en cambio fue muy distinto, puede ser por la obsesiva fijación sobre hacia la imagen física que tenía, que vi en ese consejo una solución momentánea, quise probarlo…No entiendo por qué quise meterme en este camino, fue un impulso que creí se iría rápidamente así como entró. No podía sacarme ese consejo de la cabeza, lo rechace con luchas internas de palabras que me decían que no lo hiciera, pero fue tan fuerte el poder e insistencia de mi mente que un día lo intente. Estaba sola en el departamento, y había comido muchas cosas que me gustaban, me sentía decepcionada de mi misma, porque me había comprometido a seguir un régimen, y con toda esa comida dentro era tan difícil que me pudiese mantener enfocada. Era como si todo el esfuerzo que había hecho días atrás de comer sano, escoger alimentos saludables, no sirviera de nada. Sentía cómo si me hubiese engañado y creía que merecía castigarme por esto. Pensaba que si no me ponía estricta no conseguiría nada.
De pronto todo el ruido que hacía mi cabeza se calló y no pensaba en nada. Estaba en el baño, sola, prendí la luz, cerré la puerta y abrí la taza del baño. Ahí mire el agua del inodoro y sentí asco de lo que hacía, cerré la tapa y pensé, ¡No lo hagas!. Pero cuándo me estaba devolviendo, mi cabeza comenzó a pensar de nuevo, me dijo: No seas débil…¿No te gusto comer toda esa comida?… Ahora debes esforzarte para eliminarla, ¿Quieres o no ser flaca?, para eso necesitas actuar.
Volví al baño, abrí nuevamente la tapa del inodoro, me amarré el pelo con un elástico despejando mi cara, y ahí comencé a meterme los dedos en la boca, no pasaba nada, era una sensación extraña, De pronto metí los dedos más adentro, hasta rozar la campanilla y sentí como toda la comida se devolvía, me agache para no manchar nada, y lo hice de nuevo como 3 o 4 veces. Al terminar, tire la cadena del baño, me lave las manos, la cara y respire hondo, tome un poco de agua también, limpie el baño, desinfecte todo porque había olor a vómito, me podían descubrir.
Al finalizar el proceso, tenía el estómago vacío y eso me produjo placer, me sentí bien, luego de mucho tiempo, sabía que había hecho algo malo, pero no podía parar de pensar que ese día, pude revertir la acción de comer descontroladamente. Para mi fue como volver en el tiempo y nunca haber comido nada, no sentía culpa por ingerir demasiados alimentos. Sin embargo al pasar un poco más de tiempo, aproximadamente una hora, me vino el remordimiento, tenía sentimientos encontrados, porque sabía que había dado un paso al vacío que no me llevaría hacia ningún lugar bueno. Conocía la existencia de la anorexia y la bulimia por las series de modelos que me gustaba tanto ver en casa, estaba al tanto de que muchas niñas habían muerto por causa de ellas. Sin embargo, la experiencia se me grabó en la cabeza. Me dio miedo seguir los siguientes días y trate de controlarme, comiendo de lo mismo pero en menos cantidades. Se me hacía muy difícil, pocas veces lo lograba, porque siempre he sido muy tentada con la comida. En mis pensamientos más oscuros recordaba lo bien que me había sentido días atrás vomitando la comida…No el hecho de vomitar en sí, eso me parecía asqueroso, pero la sensación posterior era esplendida. Con este nuevo conocimiento que sin querer tenía, me vi tentada en varias oportunidades. No era capaz de privarme cuándo salíamos a cenar o cuándo fuimos a otras ciudades, quería disfrutar y divertirme el tiempo que me quedaba, tome la costumbre de deshacerme de lo que comía. Eso me ayudo a bajar un poco de peso pero a pesar de eso seguía gorda, ya que lo hacía solo para eliminar el exceso de comida y eso solo me mantenía en mi peso, pero éste ya era alto.
Con los días comencé a preocuparme de otras cosas como soltarme más y compartir con los amigos de mi hermano ya que esta experiencia de visitar otro país era única y tenía que disfrutarla, no me gustaba la idea de estar perdiendo el tiempo.
En esta aventura conocí a muchas personas buenas y amables, fue una experiencia única que no me arrepiento para nada de haber vivido, las cosas se dieron de esta manera y fue un aprendizaje en otros aspectos también, el hecho de que haya contado solamente lo relacionado con mi enfermedad es porque trato de narrar mi historia bulímica pero el viaje me encantó y lo volvería a hacer, lamentablemente yo ya tenía esta idea en la mente y en algún momento de mi vida la ejecutaría.
Pasó el tiempo y de pronto me encontraba casi a punto de viajar a Chile, estaba ansiosa de volver porque extrañaba mucho a mi familia, fue bonito el paseo pero ya era hora de volver…Pasados los tres meses de mi estadía volví a Chile, allí estaba esperándome mi madre, me sentía tan feliz de verla. La vi que estaba mirando hacia otro lado esperándome, yo ya había salido, le toque el hombro y ella se dio vuelta con una gran sonrisa en su carita, estaba radiante, alegre y contenta de verme, yo estaba demasiado feliz también. Nos abrazamos fuerte y sentí tanta contención por parte de ella a pesar de que ella no sabía que me había pasado en España, me dijo que estaba linda, y se que me encontró más gordita pero no me lo dijo, yo le dije que había engordado pero me hizo sentir que no era tanto y me ponía tan bien verla que no quería opacar el momento. Luego de saludarnos, pensamos en qué podíamos hacer antes de irnos a Temuco, porque teníamos que aprovechar la oportunidad de estar en Santiago juntas, eso no se da habitualmente, le dije a mi mamá que me encantaría ir a “Fantasilandia”, es un parque de diversiones que hay en Santiago, muy conocido. Mi mamá me dijo que bueno, así es que buscamos la dirección y fuimos. Fue lo mejor hacer algo juntas, después de estar tanto tiempo separadas. Nos subimos a casi todos los juegos. Cuando nos subimos al famoso “Tagadá” había unos chicos que miraban mucho como mi cuerpo rebotaba con el movimiento, y se burlaban de mí, esa fue la primera señal de que estaba un poco más gordita, pero no les preste mayor atención.
Luego de Fantasilandia nos fuimos al terminal de buses para regresar a Temuco, mi ciudad natal. Ahí estaba mi Papa esperándonos muy Feliz, nos vimos y nos abrazamos fuerte, ya que siempre fui muy regalona y cariñosa hasta el día de hoy con mis padres. Luego de mi llegada a Temuco nos dirigimos a la casa y disfrutamos de la compañía… A pesar de que estaba 10 o más kilos más gordita nadie me dijo nada y seguí siendo feliz como siempre, yo sabía que había engordado y a pesar de que había vomitado por primera vez en España lo había dejado en el olvido, no pretendía hacerlo otra vez. Yo no era consciente de que había subido tanto de peso realmente.
Al día siguiente me encontré con mis primos del campo quienes me dijeron que porque había engordado tanto y se reían a carcajadas de mi , porque me imagino no podían creer que yo estuviese así… Ahora lo veo así de una forma mas objetiva, pero en ese entonces odie sus comentarios y me afectaron tanto que decidí bajar rápidamente de peso para demostrarles que era capaz de adelgazar mucho si yo quería, ahí comenzó todo muy de a poco.
Comencé a hacer dietas extremas, no comía casi nada, me aguantaba al máximo el hambre, pasaban días y solo me comía un tomate, mi papa se preocupaba mucho porque nadie puede vivir comiendo solo un tomate decía…. Había bajado rápidamente varios kilos en tan solo semanas, pero aún me sentía gorda ya que no sentía que fuese suficiente, tenía la tarea de verme por lo menos normal cuándo regresara al colegio no tenía mucho tiempo de adelgazar, ya que llegue de España casi justo para el inicio de clases y lo peor era que comenzaba mi cuarto año en el liceo, donde me tenía que reencontrar con mis compañeros.
Ese día llegó, entre a clases, vi a todos mis compañeros.. los cuáles no me dijeron nada malo, me sorprendí de lo maduros que estaban, antes molestaban por todo, pero para mi suerte ese día solo querían contar sus experiencias de como lo habían pasado en sus vacaciones y saber cómo me había ido en España así es que me sentí muy contenta de ser bien recibida y acogida por mis amigos y amigas. Intente no vomitar nunca más, cuando volví a Chile, quería que lo que pasó de malo en el viaje se quedase allá, intente comer sano esta vez para bajar de peso.
Estaba contenta de ver a todos de nuevo, porque en el último año tenía amistades buenas y no me sentía fea ni nada, solo quería ser un poco más delgada y estaría contenta, pero si me sentía bonita.
Es increíble cómo la percepción de mi belleza estaba directamente asociada con la delgadez, si estaba flaca me sentía linda, si no lo estaba me sentía horrible, tenía fijo y marcado el estereotipo impuesto por las publicidades y redes sociales, televisión, revistas etc.
Ahora por fin estamos dejando de identificarnos con estas imágenes que nos han impuesto por años, pero cuesta mucho salir de ellas, donde nos tratan de señalar como debemos ser, cómo seremos social-mente aceptadas, etc. Me parece tan cruel lo que han hecho con miles de personas, por vender una imagen.
En mi locura, como yo le llamo, sentía que así iba a estar feliz. Lo peor es que lo conseguía. Mientras más kilos bajaba, más hombres se me acercaban, más personas eran amables conmigo, eran dulces, me veían como una persona tierna, no sé si era interés, pero todo indica que sí. Me cuesta creer que el mundo en el que vivimos sea tan despreciable en ocasiones.
Un tiempo después estuve un poco enferma de salud, mi periodo no me llegaba normalmente. Al principio no le tome mayor importancia, pero seguía siendo irregular con el periodo, y tenía muchas espinillas en la piel, eso me preocupaba por mi extremo cuidado por la imagen, por lo que insistí a mi mamá que me llevara al médico. Fuimos a una endocrinóloga en la Clínica Alemana de Temuco, ella me diagnosticó una Pre-diabetes, que se llamaba Insulino-resistencia o resistencia a la Insulina.
Esta es una condición que se genera por una hormona llamada insulina, que es la encargada de controlar los niveles de azúcar en la sangre. La resistencia a la insulina provoca que las células del cuerpo no respondan normalmente al trabajo de la insulina. Por lo que la glucosa no pueda ingresar a las células con la misma facilidad y se acumule en la sangre.
En síntesis el cuerpo no es capaz de responder a la cantidad de hormona insulina que produce.
Si no se trata esta enfermedad, puede causar diabetes de tipo 2. Lo único que la puede revertir es la pérdida de peso y ejercicio físico.
Esta noticia fue sorpresiva y no entendía bien lo que significaba, era super importante ahora que lo analizo. Porque luego de la visita al médico mi vida cambió para siempre.
La doctora me dio una serie de lineamientos a seguir, una dieta que se basaba en disminuir al máximo el consumo de harinas y almidones, todo lo que tuviese un índice glucémico, alto tenía que dejarlo, me prohibió el pan blanco, tallarines, papas, dulces, maíz, azucares, harinas, chocolates, papas fritas, etc. Resumiendo, todo lo que es alto en calorías y que tiene glucosa.
Lo bueno es que ya había comenzado antes a cuidarme. De todas maneras era todo nuevo porque nunca me había fijado en el índice glucémico y hacía dietas, pero de vez en cuando igual me comía un chocolate o algo extra. Ahora no podía comer nada, la enfermedad me dijeron en su momento que se podía revertir pero que siempre voy a tener tendencia a que me suban los índices de azúcar.
Respeté las dietas con responsabilidad, porque no quería tener diabetes, me daba miedo que eso pasara. Me cuide y baje harto de peso. Mi mamá me ayudaba mucho con las comidas, me hacía comida sana y mi papa me compraba las cosas que necesitaba para la dieta, mi hermano Cristian siempre que venía a casa compraba pescado para que yo pudiese comer. Al principio fue difícil, sobre todo explicarle a la gente que me invitaba a su casa a cenar o almorzar. Pero pese a todo era posible sobrellevarlo, seguí adelante con el apoyo de mi familia.
Luego de este momento seguí con mi plan secreto de adelgazar pero de buena forma, siguiendo la dieta médica, ya que sabía se venía la gala de los cuartos a fin de año, era mi último año de liceo y para poder ir tenía que estar regia así es que me seguiría esforzando todo el año para conseguirlo.
El principio del cuarto año fue muy divertido, me encontraba llena de gente buena, además que se venía la preparación de la prueba de selección universitaria y había que esforzarse por lograr un buen puntaje, lo que en ese tiempo yo no tomaba con tanta seriedad y me afectó en el futuro.
Tiempo atrás me había hecho amiga de 3 chicas, siendo mi mejor amiga en ese tiempo una de ellas, no quiero dar nombres. Íbamos para todos lados juntas, y era genial, una de ellas siempre nos hacía reír, se le ocurrían chistes muy divertidos, recuerdo que almorzábamos en el patio del liceo sentadas en el pasto, hacíamos juntas en las casas hablábamos, reíamos, escuchábamos música etc. Con el transcurso del año se comenzó a agrandar el grupo, teníamos un curso muy unido.
Yo tenía la beca de alimentación por lo que a veces iba a almorzar al casino con mis amigas, otras veces llevaba almuerzo o comía algo que compraba en el quiosco, esto lo hacía porque por lo general no quería comer o tenía diferentes métodos que aplicar entre una semana y otra para no engordar. Mis amigas no me juzgaban esa parte, por suerte ,ya que cada una hacía lo que quería la verdad. Un día que fuimos a almorzar al casino vimos a una compañera que era muy flaca, y ella se comió una hamburguesa gigante…. Yo quede impresionada y le dije a mi mejor amiga, como lo hace ella, que se puede comer eso y mantenerse tan flaca, mientras lo conversábamos íbamos acercándonos a la sala de clases que estaba al lado de los baños de mujeres, fue ahí donde venía saliendo la compañera del baño con los ojos llorosos, pero con cara de risa, como disimulando.. Mi amiga me dijo «Tu cachai» que es una forma chilena de decir «Tu sabes»… además hizo un gesto que nunca se me olvido, tanto así que la mire y entendí lo que hacía esta chica para no engordar, lo cual yo también había hecho, en ese momento sentí que no estaba tan loca, y que habían varias personas que lo hacían y lo llevaban bien, se les veía felices, no parecían tener problemas si las invitaban a comer, era fácil según mi perspectiva en ese momento, quizá yo me estaba acomplejando mucho y era una forma de mantenerse delgada, había que procurar no excederse y eliminar solo el exceso.
Yo estaba siguiendo un régimen por mi enfermedad de resistencia a la Insulina, tenía que cuidarme mucho y no podía permitirme comer nada dulce, pero me daban unas ganas enormes de salirme de la dieta. Estaba cansada de la vida tan estricta que tenía que llevar, probablemente me enferme en España pensaba, por comer tan descontroladamente, aprovechándome de que mis padres no me estaban viendo, por esa cantidad de dulces me enferme, fue una consecuencia negativa y me ponía a pensar muchas cosas. Pensé en momentos en ocupar esta herramienta sólo a veces para poder comer dulces de vez en cuando y luego vomitarlos así no se alteraría el azúcar en la sangre.
Luego de lo sucedido en el liceo comencé a leer en Internet sobre el tema, me metí a páginas de «Ana y Mia» como le llaman en secreto a las enfermedades Anorexia y Bulimia, esto lo crean personas que padecen alguna de estas enfermedades o las dos y que no quieren o sienten que no pueden mejorarse, entonces crean estás páginas para «ayudarles» a quienes no las tienen a tenerlas literalmente, te ayudan a enfermarte. Es por eso que si recién comienzas o tienes dudas te puedes caer en un hoyo profundo. Siempre les están cerrando las páginas pero las vuelven a abrir con otros nombres y se comunican de todas formas. Se hacen llamar princesas y su público esta dirigido sobre todo a adolescentes, te dicen que puedes convertirte en una princesa de Cristal, Ana o Mia y te hacen sentir que eres parte de una comunidad, en donde están las incomprendidas por la sociedad, que la gente común ha rechazado por no ser flacas o bonitas, ellas te aceptan en su grupo, cada una es dueña de su propia vida, pero dependiendo del sitio establecen mandamientos y normas para que las sigas, dependiendo tu capacidad, nadie te obliga a nada tampoco. Ellas te dan tips para poder vomitar sin ser descubierta, ideas para no sentir hambre, para quemar calorías, para esconder tu comida, cosas realmente malas. Te dicen que estás prácticamente sola en esto, y que tienes a Ana y Mia como tus amigas y herramientas para conseguir tus objetivos. Lamentablemente todavía hay todo tipo de sitios así, unos más depresivos que otros. Muchas veces las chicas se enojaban porque les cerraban las páginas, pero ahora entiendo que era por cuidar su salud. Apenas me metí en algunos grupos comenzaron a escribirme muchas chicas dándome consejos de este tipo. Aprendí malas prácticas con ellas, que no quiero mencionar ya que la idea es que las personas se mejoren no darles ideas… Si hubiese sabido que me iba a costar toda una vida salir de esta enfermedad, nunca lo hubiese hecho. Ojalá mis palabras no sean vacías para ti que estás leyendome y puedas reaccionar a tiempo. Desde aquel día en que abrí estás páginas y Blogs comencé a actuar como una persona distinta, era enojona con mi familia, me aislaba en mi pieza, escondía mi comida bajo mi cama, vomitaba, hacía todo allí, todos respetaban mucho mi privacidad en ese momento, pero sabes a veces deseaba que me descubrieran y me retaran para detener esta porquería de enfermedad.
Luego de estas situaciones y hallazgos, me pase el año vomitando y haciendo dietas para adelgazar, trataba de eliminar los alimentos, pero sobre todo los dulces y almidones para que no me subieran los índices de azúcar en la sangre.
Me sentía bien al principio, comía sano por la dieta, y luego completaba con alguna cosa prohibida para terminar con algo rico, por supuesto luego vomitaba y nada pasaba. Con el tiempo fui aprendiendo a vomitar, todo tiene una dificultad, hasta lo malo. Fui aprendiendo cómo disimular frente a mis padres, hermanos, amigas, amigos, todos, nadie se daba cuenta, según mi parecer.
En ocasiones me sentía mal, aumentaban las veces que lo hacía, esta vez dejaba menos alimento en mi estómago, lo cual me hacía estar más delgada, fue un proceso largo y decepcionante en ocasiones. La felicidad que sentía por estar flaca pocas veces la podía apreciar, para mí nunca fui delgada en ese tiempo. Si lo veo ahora entiendo que puede que tuviese el cuerpo inflado, por todo lo que me dañaba, pero no estaba gorda realmente, era normal. Mi concepto de delgadez era aún más exigente, me esforzaba mucho en hacer dieta y además vomitar.
A fines de año me quedó bien mi vestido de graduación, luego de tanto esfuerzo. Recuerdo que ese día no quise comer absolutamente nada, porque según yo me quedaría mejor mi vestido. Estaba feliz y nerviosa ya que estaba en una gran fiesta y nunca me daban permiso para ir a ningún evento nocturno sola. Mis padres eran muy aprensivos pero la verdad considero que estuvo bien. Como nosotros estábamos en el campo viviendo me fui al departamento de mi hermano para arreglarme y dejar mis cosas, luego de el evento debía llegar a su casa. Mis amigos nos llevaron a la fiesta, llegue con una amiga y su pololo y comenzamos a saludar y bailar apenas llegamos. Yo estaba bien divirtiéndome, cuándo de pronto me ofrecieron un vaso de vodka, me lo tome, y seguí compartiendo, al rato quise tomar otro y como no tenía nada en el estómago, me comencé a sentir muy mareada, me daba vueltas todo, continué bailando pero las luces de la pista más me mareaban así es que decidí ir al baño a tomar algo de agua y no supe cómo me desmaye perdiendo el conocimiento, no sé cuánto tiempo paso. Cuando desperté me encontraba sentada en una banca y mis amigos y amigas me cuidaban pero estaba muy mal, no me daba cuenta mucho de nada, en un momento me quisieron hacer vomitar y no funciono así es que me dejaron quieta por un rato. Volví a desmayarme y mi amiga llamo a mi hermano para que me viniera a buscar porque estaba intoxicada, me llevaron al hospital, allí me estabilizaron.
Al día siguiente me dolía la cabeza como nunca antes en mi vida y mi hermano se burlaba de mí, me sentía muy avergonzada porque el muy pesado me dijo que debía contarle a mis padres sino les contaría él. Bueno les conté y no fue tan terrible solo me dijeron “Justo lo que te dijimos que no hicieras lo hiciste”, me miraron seriamente y preocupados porque nunca me había pasado algo así, mi mamá creyó que me habían puesto algo en el vaso pero sinceramente yo creo que fue donde no comí nada ese día y tome alcohol .
En ese tiempo por otro lado en el instituto ya estaba terminando el cuarto año medio y me quedaba muy poco para dar la PSU y para así comenzar mi vida universitaria que tan ansiosa estaba por vivir. Dimos la prueba en Lautaro junto con mis amigas. Ese día fue muy importante para nosotras pero a la vez sabíamos que tomaríamos caminos distintos.
A pesar de que prometimos seguir viéndonos nunca fue lo mismo. Todas estábamos ocupadas con nuestras nuevas carreras, conocimos nuevos amigos y amigas, nos distanciamos mucho, yo sé que ellas se juntan hoy en día pero a mí nunca me han durado las amistades a distancia, para mí siempre serán un lindo recuerdo en mi vida, las quise mucho.
El mes de Marzo del 2009 ingrese a la Universidad de La Frontera de Temuco y me fui a vivir con mi hermano y Marcela por un tiempo. Luego viví con mis tíos Miriam y Chito, y finalmente viví sola que era lo que más me acomodaba, es difícil vivir con familiares aunque sean los más cercanos, mi enfermedad me hacía comportarme de formas bastante difíciles de sobrellevar para otras personas.
Como siempre estuve enferma a veces estaba super sociable y a veces muy solitaria, porque las personas con bulimia buscan espacios de soledad para cometer sus fechorías, sino sientes mucha atención sobre ti y no puedes hacer nada. Es por eso que me comportaba como una persona solitaria, llegaba de la universidad y conversaba un poco con mi tía o hermano cuñada tío etc. Luego me encerraba en la pieza a estudiar o me compraba comida y vomitaba mientras me iba a duchar. Seguramente sospechaban que algo no andaba bien pero no sabían que hacer conmigo yo era muy cerrada con mi forma de ser y no contaba mis cosas a nadie.
En la Universidad era una alumna muy responsable y a pesar de mi enfermedad estudiaba mucho en las noches, con mis compañeros en la sala nocturna o en la universidad. Cuando estaba llena de pruebas me cuidaba de no vomitar para estar bien al rendir mis exámenes, trataba de poner lo máximo de mí ya que sabía que el estudio era muy importante para ser la profesional independiente que yo quería más que cualquier cosa, siempre soñaba con ser una mujer adulta regia con un trabajo que me alcance para vivir etc. También disfrutaba de la vida universitaria, ya que surgían muchas actividades divertidas, estaba en el segundo año de universidad y tenía otras amigas, además ya tenía mi primer novio, por lo que estaba contenta y ocupada.
Yo en esa época vivía con mi tía y por otra parte mi pololo de ese entonces se fue a vivir a una residencia de estudiantes ya que no estaba cómodo en la pensión en la que vivía, en ese entonces me la pasaba más en su departamento que donde mi tía… Un día me puse rebelde y me fui a vivir con el.
Mi papa al ver que me había ido prefirió arrendarme un departamento en la residencia de estudiantes donde el estaba pero que no fuera el mismo, así al fin pude estar sola y hacer lo que yo quisiera estaba demasiado feliz nadie, controlaba mis horarios, podía invitar a mis compañeros a estudiar a mi casa, y fue mucho mejor para todos ya que no me seguiría peleando con familiares por causa de mi enfermedad.
Mi primer pololo, era tranquilo, gracioso, buen bailarín y compañero, los dos teníamos nuestras rutinas en la universidad así es que aprovechábamos nuestros tiempos libres para vernos. Al principio estábamos bien y pasábamos tiempo juntos. Incluso deje un poco de lado a todo el mundo en ese proceso.
Puedo decir que tuvimos una relación bonita y que fuimos felices por 2 años. Pasado ese tiempo comenzamos a discutir mucho, a ser menos tolerantes, nos aburríamos de la forma de ser del otro. Además él estaba extraño porque ya sabía de lo de mi enfermedad, que era cada vez más grave, me sentía muchos días mareada, con mal humor y por eso no actué bien en varias situaciones que él no entendía ya que no dimensionaba nada de lo que yo estaba pasando, para él era algo raro de ver en una persona y se le escapaba de las manos.
Después de esos 2 años pasaron muchas cosas malas, me puse más enferma y eso me hacía estar con dolor de cabeza y débil, me lo pasaba sola, no éramos compatibles, con el tiempo.
Terminó muy mal esa relación y los momentos buenos se opacaron. Cuando terminamos estuve muy mal, demasiado triste, incluso pasaban por mi mente pensamientos suicidas, a ese punto llegue. Hasta que mis papas me hablaron… Recuerdo que mi papa me aconsejó y me calmó, lo que él me dijo, eran cosas sencillas pero que me hicieron dar vuelta la página y continuar con mi vida.
En cuanto a mi enfermedad con este término definitivo en mi relación me la pase vomitando hasta 4 o 5 veces por día, lo cual es tan desgastante como si no durmieras en todo un día. La cabeza te duele constantemente, te mareas etc. Lo que me sucedía es que cada emoción que me ocurría ya sea buena o mala me generaba unas ganas enormes de comer todo lo que yo quería, deleitarme con esos manjares, tortas y caramelos los cuáles disfrutaba pero luego me daba culpa porque no me podía permitir, para mí la forma de demostrar que estaba bien era estando regia, pero no me estaba preocupando de ser feliz.
Finalizada esta etapa, continué con mi carrera profesional ya que era lo que más me importaba porque siempre que me comprometo con algo lo logro y a pesar de todo nunca deje de estudiar. Me la pasaba en la biblioteca con compañeros cuando no entendía las materias, hasta que me enseñaban o yo les enseñaba a ellos y de una u otra forma me aprendía todo, yo creo que lo hacía por la culpa que me daba desaprovechar lo que mis papas me daban, al arrendarme un departamento en conjunto con mi hermano para que yo estuviese bien y además veía como les costaba poder hacerlo, entonces mi única forma de pagar eso era con estudio y esfuerzo.
Mientras estuve en la universidad decidí contarles a mis padres de esta situación y ellos me acogieron como siempre, incluso lloraron conmigo, ellos son personas sanas que no se enferman mucho, que no entienden tanto de este tipo de enfermedades, pero aun así pusieron todo de su parte para ayudarme, para mi mama era una pena enorme que su hija estuviese pasando por algo tan difícil pero siempre me ha dicho que valora mucho que a pesar de las dificultades que la vida ha puesto en mi camino siempre he seguido estudiando, o trabajando, eso me da fuerzas para seguir adelante muchas veces.
Ella me acompaño a terapias con la psicóloga de la universidad, venía del campo a acompañarme, al principio siento que me ayudaron.
Las sesiones fueron primero de contar lo que tenía, como lo afrontaba y de donde había nacido este trauma, la primera psicóloga creía que era una forma que yo había adoptado para sentir que tenía el control de ciertas cosas, y si creo que puede haber parte de esto, pero el ¿Cómo lo soluciono? No lo dejaba muy en claro, creía que debía hacer ejercicio o alguna actividad que me hiciera tomar el control desde otra acción y no esta. En su momento no crean que me lo explico así, es lo que yo deduzco ahora después de analizar las preguntas que me hacía.
Fui a varias sesiones con la primera psicóloga hasta que ella se fue y tomo mi caso otra persona, ella era distinta, ella tenía más el carácter de enojarse pero con preocupación, era exigente en los horarios de las sesiones, de si yo estaba segura que quería mejorarme, si tenía recaídas, se enojaba un poco, esa era su estrategia. Estaba un poco aburrida de ella, asique para sacármela de encima fingí que ya estaba mejor y busque otros caminos.
Bueno como les contaba, me encontraba soltera y enferma así es que caí en un profundo abismo de fiestas, y bulimia mezclado con universidad, pruebas etc. Tenía el tiempo ocupado, pero sentía que me faltaba algo, la vida no podía ser autodestrucción…Terminaba casi todos los días llorando por no poder parar de vomitar lo que comía, me puse muy delgada un tiempo, y volvía a subir de peso. No tenía un equilibrio, muchas veces me deje caer y no me importo nada más, estaba deprimida pero intentaba animarme igual de alguna manera. Siempre tuve luces en mi camino, personas que han sido importantes en mi recuperación, una de esas personas es el amor de mi vida, Juan Pablo Lelli, cuándo el llegó, mi vida dio un giro maravilloso…Lo conocí por internet, estaba metida en una página de citas en ese tiempo, para buscar parejas y me escribían muchas personas, entre ellos había uno que solo quería ser mi amigo, eso llamo mi atención además era bueno tener amigos de otros países pensé, entonces comenzamos a hablar. Yo tenía citas con otras personas y llegaba a casa desilusionada del amor en donde le contaba a mi amigo de chat todo lo que sentía, era tan bueno y sabía siempre darme el consejo adecuado, yo no lo tomaba en cuenta como otra cosa que no fuese amigos, ya que él era Argentino y estaba lejos de mí. Nunca pensé que pudiese existir una relación con él.
Pasó el tiempo, chateamos varios meses cuando un día mi amigo me dijo que con solo hablar conmigo se había dado cuenta que yo era el amor que el buscaba. Por supuesto no le creí en un principio, hasta que me dijo que vendría a verme. Igual seguía sin creerle, mis amigas me dijeron que tuviera cuidado, que podía ser un psicópata que no fuera a juntarme con él. Mis padres también sabían de esta situación, y me pidieron hablar con él para saber si era una persona buena. Hablaron y les pareció que era un chico agradable y buena persona. Luego también hablaron mis padres con sus padres, con esta aprobación de ellos que no era para nosotros pero que a ellos los tendría más tranquilos ya que Juan estaba viniendo a un lugar donde alguien que no conocía tampoco, y yo estaba yendo a buscar a alguien en las mismas condiciones. Era un riesgo para ambos, pero teníamos tantas ganas de conocernos que no pensamos mucho en consecuencias negativas, solo lo hicimos.
Llego el gran día y lo fui a buscar al aeropuerto. Al principio estaba muerta de vergüenza, me arregle mucho para conocerlo, pero los nervios me estaban matando, tanto que me escondí… Cuando el llego de su vuelo lo estaba mirando… aún no salía…pasaron los minutos y me aburrí de estar escondida, caminé hacia la puerta por donde pasaría, me detuve en un lugar más lejano a la puerta, de pronto salió. El pobre estaba sólito esperándome, lo mire y me arme de valor, fui a conocerlo.
Cuando nos vimos nos miramos y sonreímos mutuamente, esos ojos me encandilaron. Hubo una conexión tan hermosa que me cautivó, lo abrace fuerte, casi que di un salto y no pude dejar de abrazarlo, no podía mirar su cara me daba vergüenza. Él se reía, pues no podía creer que fuese tan tímida, pasó un tiempo y me atreví a mirarlo. Nos miramos fijamente y nos besamos apasionadamente en el aeropuerto hasta que pensamos en irnos a casa antes de que se oscureciera. Él se quedó conmigo unas semanas y en esos días aprovechamos al máximo de conocernos. Salimos a pasear, fuimos a Pucón a Villarrica, al cine, a la plaza a todos los lugares cercanos, sin embargo todos eran hermosos a su lado. Lo que más me gustó de él era que me hacía reír a carcajadas, sus palabras eran tan chistosas que me encantaba pasar tiempo con el, era sencillo y agradable. Luego de esas semanas se fue a su país, y me prometió que volvería, yo sabía que lo haría pero de todas maneras pensaba que si no volvía ya había sido una experiencia linda para mí. Ese tiempo fue tan maravilloso que hasta mi enfermedad se me olvido, pase 6 meses sin vomitar, cosa que nunca pasó antes.
Juan volvió a visitarme en reiteradas ocasiones, ya teníamos una relación, él era de esas personas que ves y dices que puedes cambiar tu misma con el único fin de no perderlo, por eso cambie algunas cosas como de no estar tan mal psicológicamente, estar fuerte y sana, era una de mis motivaciones para que juntos pudiésemos tener una buena vida.
Lo bonito que habíamos formado con Juan era único, sentíamos una confianza enorme al poco tiempo de conocernos, parecía que hubiésemos estado predestinados a estar juntos, es por esto que le contaba todo, confiaba mucho en él y sabía que tenía que contarle lo de mi enfermedad, no porque quisiera hacerlo, sino porque lo quería tanto que creía que al contárselo incluso él iba a poder ayudarme con esto. Pero tenía miedo ya que en mi anterior relación lo único que provoco contarlo es ruptura. Pero Juan era un hombre diferente, era muy cariñoso, comprensivo, paciente y tenía más experiencia en la vida en ámbitos espirituales.
Estaba segura de que si le contaba me entendería, y así fue, le conté y fue un alivio tan grande el sacarme esa mochila que cargaba día a día, si bien estaba mejor no podía esconderle algo así.
Juan me escucho y me apoyo completamente, incluso me hizo ver que no era algo tan grave, eso me hizo sentir bien, tranquila y en paz. Así paso el tiempo, me venía a visitar, yo terminé mi carrera en la Universidad y me fui para Santiago a trabajar.
En Santiago la vida era dinámica, pasaba la semana trabajando, no me quedaba tiempo para nada, llegaba a la casa y me compraba mucha comida, luego vomitaba en las tardes para luego levantarme al otro día a trabajar, estaba flaca y cansada, pero era mi forma de vivir. Juan estaba estudiado aún en Argentina, hablábamos por Skype todos los días, pero no era lo mismo, estábamos los dos cansados de estar separados, nos amábamos mucho pero la distancia mata, en realidad la vida la hacíamos solos, de todas formas con ese nivel de vida no tenía tiempo para relaciones amorosas. Un día cómo cualquier otro estaba deprimida, pues me ponía a pensar en mi vida, me estaba matando lentamente. Hacía todos los días lo mismo, tenía rutinas dañinas para mi salud, no hacía ejercicio, no tenía energía ni para eso. A pesar de todo cumplía con el trabajo, no se notaba mi decadencia. Juan me vino a visitar en el verano, fueron los mejores meses que viví, por supuesto se me olvidaba todo cuándo el venía, me hacía muy feliz su compañía, pero luego se iba y comenzaba el infierno de nuevo, me quedaba sola, no porque no tuviese personas, sino porque yo misma me aislaba, ya no quería salir con mis amigas porque no quería que me obligaran a comer cosas, estaba harta de vomitar, me dolía la garganta, la cabeza, sentía cansancio etc.
Gracias a Dios nunca me desmaye, pero si me sentía mareada todos los días, en cualquier momento sentía que me pasaría algo, no lo decía porque muy en el fondo de mi necesitaba terminar con mi tortura. Bueno llego el momento en que me canse de vivir de esta manera, si es que le puedes llamar vivir a esto y me fui a vivir con Juan a Argentina, muchos no estuvieron de acuerdo, de que dejara mi trabajo, para ellos era la único que perdía, pero no era así, estaba perdiendo más cosas quedándome. Así es que decidí irme con él, su amor me sano por un tiempo.
Durante mi estadía en Argentina, viví muchas cosas. Hubo momentos buenos y momentos malos. Sin embargo la mayoría de mis malas experiencias fueron por una profunda extrañeza que sentía hacia mis seres queridos.
Al principio era como vivir en una burbuja, todos me caían bien y sentía que hasta tenia amistades, sin duda esas personas me entregaron lo mejor de ellas y yo también lo hice, hay lazos irrompibles que nunca olvido y que me hace quererlos de verdad, me trataron bien y me acogieron, me aconsejaron y quisieron como una más de la familia. Con el tiempo arruine muchas relaciones.
A la vez estando ahí sentía una pena enorme y un vacío en mi corazón, por la falta que me hacía mi familia, sentía que mis sobrinos crecían y no podía estar en ningún momento especial de ellos, veía a mis padres muy a lo lejos por cámara y no era para nada lo mismo. Sé que el apego es algo que te hace ser dependiente y es malo, pero en esos momentos no tenía el recorrido espiritual que tengo ahora y no podía más con esos sentimientos.
Me daba rabia que siempre para estar con Juan alguno de los dos debía extrañara su familia, muchas veces quisiéramos ser cómo una pareja normal que tiene a sus suegros y padres cerca, que puede cuidarlos y ayudarlos, pero el amor no se presenta de la forma que uno quiere en muchas oportunidades.
Por otro lado busque trabajo en Buenos Aires ya que el poder vivir solos podría ayudar pensaba a sentirme más independiente, viviendo una vida de pareja normal, pero no conseguía encontrar nada, busque en páginas comunes recomendadas por parientes y amigos, fui a entrevistas, pero no encajaba con el perfil que las empresas buscaban, era difícil siendo contadora con apenas un año de experiencia encontrar algo en otro país con otras leyes, esa es la cuestión. El tiempo pasaba y no encontraba trabajo, no se me daba nada bien en Argentina, estuve 11 meses allá, hasta que un día le dije a Juan que me quería ir a Chile nuevamente, el me apoyó.
Regrese a Chile, fue lindo volver a ver a mis padres, hermanos, sobrinos etc. Estaban grandes y me dieron mucho amor, me quede con mis papás en el campo un tiempo, y comencé la búsqueda de trabajo nuevamente, es así como llegue a la empresa en la que trabajo ahora en la ciudad de Concepción. Me instale en esta hermosa ciudad de Chile, que me ha dado muchas experiencias, es una ciudad muy cultural y céntrica, hay varias cosas que me gustan de ella. Arrende un departamento en Concepción cercano a mi trabajo donde viví por bastante tiempo… Juan se vino a vivir conmigo y tuvimos esa vida de pareja solos que tanto anhelábamos, lo pasamos bien y mal hubo de todo, para Juan fue un poco más difícil por ser extranjero, sin embargo ha buscado su camino incansablemente también.
Hemos estado varios años viviendo aquí , en este tiempo pasaron muchas cosas con mi vida…. conocí personas, hice amistades, pase por grandes sufrimientos, pase tiempo con mi familia, con Juan, etc.
Actualmente estoy viviendo con Juan, en el tercer departamento que arrendamos juntos, paso mucho tiempo, durante este nos casamos, nos separamos y nos volvimos a reunir, pasamos por muchas adversidades. Pero aquí seguimos como un matrimonio feliz, hemos crecido en muchos aspectos sobre todo espiritualmente, ya no somos los mismos que antes.
Personalmente he cometido muchos errores en mi vida pero creo que me han ayudado y he aprendido con ellos. He aprendido a conocerme a mí misma, a conocer mis debilidades y fortalezas para agarrarme de ellas cuando tenga algún problema. Aprendí a superar obstáculos y a dejar de acudir a la bulimia para todo lo malo que me pase. Entendí que no es una salida si te lleva más adentro del agujero.
Lo que puedo decirles, analizando mi experiencia, es que la enfermedad nos hace aferrarnos a ella porque nos aísla del mundo, creemos que es lo único que nos queda cuándo nuestros amigos, familiares, pololos, etc. nos comienzan a abandonar, no saben lo que estás viviendo, no los culpes, los que realmente te quieren no se han ido, solo están preocupados por ti desde otro lugar, desean que te sanes pero no saben cómo ayudarte, sigue viendo a estas personas que te hacen bien, no puedes dedicarle tu vida entera a una enfermedad ingrata.